Cada vez más argentinos hacen justicia por mano propia

En menos de una semana tres delincuentes fueron abatidos por sus víctimas. La necesidad de amigarnos como sociedad es cada vez más grande. Preocupa la situación ante un tema que ya parece haberse instalado en los medios. Durante la salida de la cuarentena por el coronavirus muchos comerciantes ya sufrieron asaltos en sus comercios.

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En la noche de ayer, uno de los temas tratados por el periodista Baby Etchecopar en su programa “Basta Baby” por A24 era el asunto de las armas: el conductor, que mató a un delincuente que entró a su casa hace algunos años, debatía con sus panelistas acerca de si está bien o mal que un ciudadano civil posea armas de fuego.

Es indignante pero a los problemas de la deuda externa y de los efectos de la pandemia de coronavirus en la ya muy golpeada economía argentina, le tenemos que sumar que todos los días ciudadanos honestos son asaltados y torturados en sus domicilios particulares o, como ocurrió hoy en el barrio porteño de Flores, en sus humildes comercios (comercios que vienen golpeados desde hace rato y que no pudieron abrir al público durante meses, lo cual ocasionó que muchos de ellos cierren definitivamente).

Y se está empezando a observar una tendencia: en menos de una semana, un jubilado de Mar del Plata mató de un escopetazo a un ladrón que intentaba ingresar a su casa, otro jubilado mató a otro delincuente que ingresó a su casa en Quilmes, y en el día de hoy un comerciante fue asaltado por un hombre que lo hirió de bala en una mano y tras un forcejeo (ya que el comerciante se intentó defender) cayó inconsciente y murió.

Ya en el pasado hubo hechos en donde las víctimas terminaron matando a sus victimarios y, cada vez que un hecho así se da, volvemos a la eterna discusión que ya agota entre los que defienden a los delincuentes y los que defienden el derecho a defenderse de las víctimas (víctimas que muchas veces son torturadas durante el hecho delictivo o que hubieran sido asesinadas en caso de no defenderse).

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Tomar posición sobre este tema es difícil en público ya que uno termina adentro de la famosa grieta y todos tenemos miedo a las represalias en un país con una justicia que funciona mal como es el caso de Argentina. Basta con recordar todos los presos que, con la excusa de la pandemia de coronavirus, fueron liberados en los últimos tiempos.

Pero queramos o no tomar posición, es evidente que el tema ya está sobre la mesa y no podemos hacernos los distraídos ante una situación que seguramente continuará repitiéndose en diferentes puntos del país, más aún con una economía que no logra encontrar su rumbo y con unos niveles de inseguridad altísimos en los que parece que la delincuencia ya ha tomado el control de la calle. A la vez, el ciudadano honesto y laburante ya está harto de todo: está cansado de ver como los corruptos hacen lo que quieren sin recibir condenas, de que la justicia funcione de manera injusta, de ver como arribistas sin ningún mérito ni esfuerzo se convierten en millonarios de la noche a la mañana y, lógicamente de ser asaltados a punta de pistola y ser ignorados por un gran porcentaje de las personas en posiciones de poder en nuestro país.

Ante la sensación generalizada de injusticia y desprotección por parte del Estado, algunos ciudadanos parecen haber decidido empezar a hacer justicia por mano propia. Los vecinos hartos e indignados, llenos de impotencia y desconfianza para con la justicia y las fuerzas de seguridad (que hay que reconocer que hacen lo que pueden ya que por sueldos muy bajos arriesgan su vida para que, si llegan a agarrar o abatir a algún delincuente, después un juez los condene a ellos o libere al delincuente) están empezando a armarse, a formar grupos de cooperación entre ellos, y en algunos casos a poner carteles y pasacalles en sus barrios como el que se puede observar en la foto de esta publicación.

En relación al asunto de la delincuencia que mata, hay un debate que, sin entrar en mayores detalles, el especialista en neurociencias Facundo Manes tocó en una entrevista que le hizo Gerry Garbulsky: ¿hay factores genéticos o neuronales que ya vienen dados al nacer y que hacen que una persona se convierta en asesina en algún momento de su vida? ¿Asesino se nace o se hace?

Algunos, en defensa de quien agarra un arma y sale a robar (o “de caño” como se dice en la jerga argentina), podrían argumentar que el delincuente se vio obligado a tomar esa decisión ya que nació en un contexto desfavorable o estaba viviendo una situación apremiante debido a la crisis económica que atravesaba el país en el momento en el que cometió un delito y terminó asesinando a alguien.

Sea cual sea el argumento, la única verdad es que todos los años están muriendo personas inocentes en manos de delincuentes. Y esto, sumado a situaciones en las que empresarios y políticos corruptos son librados de sus penas, parece haber derivado en un hartazgo total en gran parte de la población que ya está cansada de ver como en Argentina “ganan los malos” y pierden los honestos. En Argentina no hay premios y castigos. A la vista de los hechos da lo mismo ser decente o ser un corrupto. A veces te roba un delincuente a mano armada y a veces te roba, en forma no tan directa, un político con sus actos de corrupción o un empresario arribista e inescrupuloso que se enriquece a costa de los dineros públicos.

En síntesis: no está comprobado que una persona se vaya a convertir en asesina por factores genéticos de nacimiento que hacen que no pueda controlar sus actos. Lo que sí parece bastante probable es que la pobreza generalizada y ser testigo de que se vive en un país sin premios ni castigos, derive en actos de delincuencia: “roba el de arriba y roba el de abajo. El de arriba con guantes blancos y el de abajo a punta de pistola”.

Por todo lo expuesto se hace evidente que el delito podría bajar haciendo no una sino varias cosas a la vez: hay que ofrecer educación de calidad que llegue a toda la población para que los jóvenes no pierdan la esperanza y puedan crecer en libertad y con la confianza de que van a poder construir sus futuros de manera feliz y próspera, hay que condenar a las personas corruptas que usan sus posiciones de poder para sacar provecho del patrimonio que le corresponde a toda la población (sean políticos, empresarios, sindicalistas, o jueces) y hay que construir un sistema penitenciario de excelencia que, una vez que alguien es condenado por un delito, no propicie las condiciones para que esa persona salga peor al finalizar su condena: las penas deben ser cumplidas pero las cárceles no pueden ser “depósitos de personas”. El sistema carcelario tiene que ofrecer las herramientas para que los presos que vayan a ser liberados puedan reinsertarse en la sociedad y salir mejores de cómo entraron y no caer nuevamente en el delito. Hecho todo esto, bajarían los niveles de delincuencia y la sensación de injusticia generalizada. Y así bajarían los casos de justicia por mano propia que estamos empezando a ver.

Ahora bien: todo suena muy fácil escrito desde la comodidad de una computadora. Pero no lo es. Para ofrecer un sistema estatal que provea educación gratuita de calidad y construir un sistema penitenciario de excelencia, hace falta dinero. ¿Y de dónde saldría ese dinero?: aún si un político decente quisiera hacer estas cosas (como lo intentó Arturo Illia, considerado por muchos el mejor Presidente de la historia argentina) se enfrentaría a un dilema: si sube las retenciones al mayor motor de la economía argentina (el agro) se pone en contra a un enorme porcentaje de la población. Si para no hacer eso recurre a instrumentos como pedir dinero prestado al exterior (como en el caso de Mauricio Macri) luego será acusado de endeudar el futuro de los argentinos. ¿Entonces?

Como respuesta a ese interrogante, algunos suelen hablar de “vivir con lo nuestro” y de ir hacia un “capitalismo nacional”. El problema, más allá de que quienes se llenan la boca con esos conceptos a veces terminan siendo vividores de lo ajeno (de otros argentinos), es que “lo nuestro” no es suficiente para poner en marcha la economía argentina. Y como dijo el emprendedor argentino Martín Varsavsky en una entrevista hace algunos días, hay lujos que Argentina no se puede dar ya que no tiene un Banco Central europeo o una Reserva Federal que le permita auto-fondearse imprimiendo euros o dólares.

En un mundo cada vez más competitivo, Argentina necesita exportar valor agregado. Ya sea en materia de alimentos o en cualquier otra rama de la industria. Y para eso se necesita incorporar maquinaria y tecnología a la industria local. Esas máquinas y esa tecnología, en la mayor parte de los casos se debe importar, y para importar necesitamos dólares. Por ende, lo que Argentina necesita es tener credibilidad en el concierto global de las naciones: de esa forma podremos obtener divisas a baja tasa de interés y así financiar el desarrollo de nuestra industria nacional sin caer en populismos o falsas promesas de quienes se llenan la boca con lo “nacional” y después aparecen con cuentas bancarias que no pueden justificar en el exterior. De esa forma iremos exportando cada vez más valor agregado y obtendremos dólares genuinos (lo que hará que cada vez necesitemos tomar menos dinero prestado en el exterior).

Con más dólares podremos tener más exportadores, esos exportadores podrán emplear a más gente, que va a producir cada vez mejores bienes y servicios que a la vez generarán más dólares. Y los impuestos que el Estado recauda sobre esos dólares podrán ser destinados a la construcción de un sistema público educativo de excelencia. Con más educación y necesidades básicas garantizadas habrá menos delincuencia y las cárceles (que cada vez estarán más vacías como pasa en países como Holanda) podrán contar con una infraestructura de excelencia que reinserte en la sociedad a quienes infringen la ley a pesar de vivir en una sociedad ya sin tanta desigualdad.

Pero en materia de acceso a divisas fuertes, todavía estamos en pañales como país: somos como un deudor lleno de alertas rojas en su informe veraz. Argentina es un país que no atrae a la inversión extranjera a gran escala ya que no ofrece un marco fuerte de seguridad jurídica y reglas de juego claras y sostenidas en el tiempo. Y a la vez solo tenemos acceso al crédito (crédito que no podemos repagar Y QUE SABEMOS QUE NO PODEMOS REPAGAR AL MOMENTO DE TOMARLO) cuando asume el poder alguien a quien los mercados ven como “amigable”.

Para ser “amigables” con el mercado global de capitales y así poder crecer, primero tendremos que amigarnos entre los propios argentinos. Tenemos que empezar a aplicar premios y castigos. Tenemos que terminar con los “buitres” internos para así no caer en manos de los “buitres” externos. Como dice la frase: “cuando los hermanos se pelean se los comen los de afuera”.

  1. Carlos Gomez dice

    La inseguridad que hay en Argentina ya no se aguanta. No se puede vivir. Por eso 8 de cada 10 argentinos quieren irse de Argentina a otros países como Uruguay o a donde los reciban

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