Eduardo Macchiavelli compartió su alegría porque la historia de la elefanta Mara llegó al New York Times

El Secretario de Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires fue clave en el proceso de liberación del animal

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La historia de la elefanta Mara duele y es un ejemplo de cómo el egoísmo, la maldad y la falta de empatía de algunos hombres y mujeres puede causarle sufrimiento extremo a los más débiles, muchas veces animales indefensos que no pueden defenderse de los humanos. Pero también hay buenas personas en el mundo…Y por suerte el sufrimiento de Mara llegó a su fin.

Desde hace ya algunos años la situación en el Zoo de Buenos Aires, ubicado en pleno corazón del barrio de Palermo (Plaza Italia), ya no daba para más: los animales se enfermaban y otros se morían fuera de su habitat natural y en la soledad del encierro.

En línea con lo que sucede en el mundo, vecinos argentinos comenzaron a reclamarle a la Ciudad de Buenos Aires que haga algo con el zoológico de Palermo ya que la situación era insostenible. Incluso los propios empleados del Zoo reclamaban por los derechos de los animales que allí vivían.

Atentos a estos reclamos, en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires decidieron terminar con la concesión del parque (estaba en manos privadas) y empezar a reconvertir el sitio en un ecoparque, con cada vez menos animales en exhibición. Empezaron consiguiendo refugios dignos en otras partes del mundo para los animales que pudiesen ser trasladados (otros ya eran demasiado viejos o muy enfermos como para trasladarlos). Pero aún quedaban algunos cuyo traslado era complejo: ese fue el caso de la elefanta Mara.

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Finalmente en los últimos meses se dio la posibilidad de mudar a Mara a un refugio seguro y digno construído hace poco tiempo en Brasil. Pero cuando todo estaba listo para emprender el viaje hacia la libertad, estalló la pandemia del coronavirus y la frontera entre Argentina y Brasil quedó cerrada.

Pero ahora, ya abierta nuevamente la frontera, se pudo finalmente concretar el viaje de Mara hacia su destino en libertad. Fueron miles de kilómetros pero valió la pena: los nuevos cuidadores de la elefanta en Brasil dicen que el animal no para de “hablar” (en su lenguaje) de lo feliz que está. En contraste, los antiguos cuidadores de Mara en el Zoo de Buenos Aires cuentan que mientras vivía encerrada en el Zoo convertido en ecoparque, pasaba sus días en una silenciosa soledad y moviendo la cabeza en círculos (signo que se ve en muchos animales que viven estresados).

Pero esta historia no podría haber terminado en un final feliz de no haber sido por la decisión firme de los funcionarios del GCBA con Eduardo Macchiavelli a la cabeza, que se pusieron al hombre la tarea humanitaria de terminar con el viejo zoológico liberando a sus animales y convirtiéndolo en un nuevo ámbito para el estudio de las especies y la enseñanza de la conservación y la importancia de cuidar el medio ambiente y a los seres que habitan en la naturaleza.

En el día de hoy, el Secretario de ambiente del GCBA se mostró muy contento de que la historia de Mara haya llegado al mismísimo New York Times y compartió su alegría en un posteo desde su cuenta de Facebook.

La historia de Mara es durísima: 

Nació en cautiverio en la República de la India a fines de la década del 60 y fue comercializada por la Institución Tierpark Hagenbeck, de Hamburgo, en Alemania. Allí vivió en cautiverio hasta 1970, cuando fue comprada por Ramón Tejedor y trasladada a la ciudad de Montevideo, en la República Oriental del Uruguay, donde tuvo que soportar una triste vida en el “Circo África”. En 1971 la enviaron a Argentina y fue comprada por otra nefasta empresa llamada Circo Sudamericano.

Mara sufrió pasando de circo en circo y siendo sometida a todo tipo de maltratos para que cumpla con las rutinas que por aquellos años los circos les imponían a sus víctimas animales. Su último paso por un circo fue al ser comprada por el nefasto Circo Rodas, al que llegó en 1980. Del Rodas fue rescatada 15 años después como consecuencia de un decomiso judicial contra la empresa, cuyos containers abandonados aún se podían ver hasta hace no muchos años en el Parque Sarmiento de la Ciudad de Buenos Aires (un lugar que estaba en pésimas condiciones hasta que Mauricio Macri llegó a la jefatura de Gobierno del GCBA y lo puso en valor). A partir de ahí y con el Rodas ya extinguido Mara pasó a habitar el Zoo de Buenos Aires.

Sus tristes y duros años de circo (que pueden verse muy bien reflejados en la canción “Circo soledad” de Ricardo Arjona o en “El oso” de Moris) habían quedado atrás. Pero su vida en el Zoo (por aquel entonces en manos privadas) no fue mucho mejor: es cierto que en el predio de Palermo ya no era maltratada y no tenía que soportar los golpes de algún miserable entrenador para que se pare en dos patas. Pero tenía que compartir un espacio muy reducido con otros dos elefantes con los que no se llevaba bien. Otra vez era la misma historia: una vida de sufrimiento para alegrar a hombres y mujeres que pagaban una entrada para ver animales encerrados sufriendo. Pero finalmente Mara sobrevivió y hoy es feliz en el Santuario de elefantes de Brasil.

A continuación podés ver el posteo de Eduardo Macchiavelli en Facebook y compartir su alegría, -que es también la de todos nosotros- con tus amigos y conocidos:

La historia de Mara es tan inspiradora que sigue dando la vuelta al mundo, y ayer llegó al The New York Times. No…

Posted by Eduardo Macchiavelli on Monday, August 10, 2020

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